Durante mucho tiempo pensé que mi cuerpo estaba en mi contra.
Hacía esfuerzos enormes por cambiarlo. Dietas. Entrenamientos. Restricciones. Disciplina. Promesas de que esta vez sí sería diferente.
Y cuando conseguía bajar de peso, algo ocurría.
Tarde o temprano volvía al mismo lugar.
Entonces miraba mi cuerpo y pensaba:
“¿Por qué haces esto?”
Como si mi cuerpo fuera un adversario al que tenía que vencer.
Pero con el tiempo apareció una pregunta que cambió profundamente mi manera de mirarlo:
¿Y si mi cuerpo no estuviera intentando sabotearme?
¿Y si estuviera intentando protegerme?
EL CUERPO TAMBIÉN APRENDE
Solemos pensar en el peso únicamente desde lo físico.
Lo que comemos. Cuánto nos movemos. Nuestros hábitos. Nuestra biología.
Y todos esos factores importan.
Pero nuestra experiencia con el cuerpo también puede estar atravesada por nuestra historia, por las asociaciones que hemos construido y por las formas en las que aprendimos a sentirnos seguras.
Desde muy temprano aprendemos qué situaciones se sienten seguras y cuáles no. Aprendemos cuándo podemos relajarnos, cuándo necesitamos protegernos, cuándo es mejor ocupar menos espacio y cuándo necesitamos crear distancia.
Muchas de esas respuestas no nacen de una decisión consciente.
Simplemente aprendemos.
Y después repetimos.
CUANDO EMPECÉ A MIRAR MI PESO DE OTRA MANERA
Durante años mi pregunta había sido:
“¿Cómo puedo quitarme este peso?”
Hasta que empecé a preguntarme algo mucho más incómodo:
“¿Qué significa para mí tenerlo?”
Y ahí comenzó a aparecer una parte de mi historia que nunca había relacionado con mi cuerpo.
Empecé a observar mis límites.
Las veces que había sentido que otras personas podían entrar demasiado en mi espacio. Las veces que me costaba decir que no. Las veces que había aprendido a adaptarme, complacer o poner las necesidades de otros antes que las mías.
Y apareció una posibilidad que nunca antes había considerado:
quizá aquello que yo quería eliminar también había llegado a representar distancia, protección y límite.
No porque un día hubiera decidido conscientemente: “Voy a utilizar mi cuerpo para protegerme”.
Las historias emocionales rara vez funcionan de una manera tan literal.
Pero sí podemos construir asociaciones profundas entre determinadas formas de estar en el mundo y la sensación de seguridad que experimentamos en ellas.
LO QUE LLAMAS SABOTAJE PUEDE TENER UNA HISTORIA
Quizá también has vivido algo parecido.
Quieres cambiar.
Empiezas.
Avanzas.
Y justo cuando comienzas a acercarte a aquello que querías, haces algo que parece llevarte nuevamente hacia atrás.
Desde fuera es fácil llamarlo autosabotaje.
Pero antes de juzgarlo, podrías preguntarte:
¿Qué cambia para mí cuando empiezo a cambiar?
¿Me siento más visible?
¿Recibo una atención que no sé cómo manejar?
¿Siento que tengo que sostener una versión de mí que temo perder?
¿Cambian mis relaciones?
¿Aparece el miedo a ocupar más espacio, poner límites o ser vista de otra manera?
A veces deseamos conscientemente una transformación mientras otra parte de nosotras todavía la asocia con incertidumbre.
Y aquello que parece resistencia puede estar señalando una necesidad de seguridad.
PROTEGERTE NO SIEMPRE SIGNIFICA ESCONDERTE
Comprender esto me llevó a otra pregunta.
Si durante algún momento de mi historia necesité determinadas estrategias para sentirme protegida, ¿podría aprender ahora otras maneras de ofrecerme esa protección?
Porque protegerte también puede significar aprender a decir no.
Puede significar dejar de explicar cada decisión.
Alejarte de aquello que te hace daño.
Pedir lo que necesitas.
Dejar de hacerte responsable de las emociones de todos.
Permitirte ocupar espacio sin sentir que debes disculparte por hacerlo.
Construir límites que antes quizá tu cuerpo sentía que tenía que representar por ti.
A veces el cambio no comienza intentando quitar una protección.
Comienza construyendo una forma nueva de sentirte segura.
NO TODO PESO TIENE UN SIGNIFICADO EMOCIONAL
Es importante decirlo con claridad.
El peso corporal es complejo y puede estar influido por numerosos factores físicos, biológicos, médicos, ambientales y conductuales.
No todo cambio de peso representa una defensa emocional y no necesitamos convertir cada experiencia corporal en una explicación psicológica.
Pero para algunas personas puede resultar revelador explorar qué significados, asociaciones o experiencias han construido alrededor de su cuerpo.
No para encontrar una explicación perfecta.
Sino para conocerse mejor.
ANTES DE LUCHAR CON TU CUERPO, PREGÚNTALE
Si llevas mucho tiempo sintiendo que tu cuerpo se resiste a ti, prueba cambiar por un momento la forma de acercarte a él.
En lugar de comenzar con:
“¿Cómo consigo cambiar mi cuerpo?”
prueba preguntándote:
¿Cuándo me siento más segura en mi cuerpo?
¿Cuándo me siento expuesta o vulnerable?
¿Qué límites me cuesta poner con palabras?
¿Hay alguna parte de mí que tema lo que podría cambiar si yo cambio?
No busques una respuesta rápida.
Observa.
Porque quizá hay una diferencia enorme entre un cuerpo que se niega a cooperar y un cuerpo alrededor del cual has construido una historia de protección.
QUIZÁ TU CUERPO NO NECESITA OTRA GUERRA
Durante años pensé que para transformar mi cuerpo tenía que ser más fuerte que él.
Hoy lo miro de otra manera.
Mi cuerpo no era algo que necesitaba derrotar.
Necesitaba aprender a relacionarme con él desde un lugar diferente.
Con curiosidad en lugar de juicio.
Con límites en lugar de lucha.
Con presencia en lugar de castigo.
Y quizá tú tampoco necesitas comenzar otra guerra.
Quizá puedes empezar haciendo una pregunta:
¿De qué maneras puedo aprender a sentirme segura sin necesitar luchar conmigo para conseguirlo?
Tal vez no tengas todavía la respuesta.
No importa.
A veces el primer cambio ocurre simplemente cuando dejamos de mirar el cuerpo como el enemigo.
Quizá tu cuerpo no estaba impidiendo tu transformación.
Quizá estaba esperando sentirse seguro para acompañarte en ella.



